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La cultura de las redes migratorias: contactando Puebla -Nueva York María da Gloria Marroni Dentro de los fenómenos más importantes característicos de la nueva ola de la migración de fin de siglo(1) entre Estados Unidos y México, la incorporación de contingentes de migrantes originarios de varios estados del país -a diferencia de los periodos anteriores, en donde mayoritariamente procedían de los estados del Occidente y algunos del norte- ha sido un hecho recurrente señalado por los estudios sobre el tema. El caso del Estado de Puebla es considerado un ejemplo de estas tendencias: su participación en el volumen de población migrante internacional en el conjunto nacional representó el 0.8% del total en el decenio 60/70, 2.7% en el de 70/80, se incrementó al 4.3% en el periodo 80/90 (Corona Vázquez: 1993) y su crecimiento continuó en la década 90/00. La expansión de los flujos migratorios en el estado no se procesó de manera homogénea espacial y temporalmente. Al interior del Estado dos zonas se destacan por la magnitud del problema: la Mixteca Poblana y el Valle de Atlixco. En este documento centro mis reflexiones precisamente en las comunidades rurales del referido valle, para reconstruir el proceso migratorio ocurrido en ellas, en sus rasgos más característicos. Cabe señalar que a diferencia de los estado tradicionales de migración, en donde existe un acervo importante de estudios, en el caso de Estado de Puebla, sólo recientemente las investigaciones empiezan a consolidarse.
Ubicada al Suroeste del central Estado de Puebla la región
que aquí denominamos el Valle de Atlixco(2)
, se caracterizó por la vocación agrícola de su territorio
que le ha garantizado el desarrollo de fuertes culturas humanas establecidas
en torno a la explotación de tierra, desde el periodo prehispánico
hasta la actualidad. Está conformada por seis municipios con una
extensión total de 883.71 Km2, ubicados en el centro del estado
de Puebla (Map of Atlixco.No.3). El área se extiende en
un radio que alcanza hasta 60 kilómetros de la ciudad de Puebla,
capital del estado, con la cual mantiene amplias redes de relaciones;
asimismo, se localiza en el área de influencia de la ciudad de
México, además de vínculos con otros centros regionales,
como Cholula, Cuautla, San Martín Texmelucan (Marroni 2000). Domina
sus escenarios el Volcán Popocátepelt, con el cual los habitantes
mantienen una relación estrecha secular y cuyo aumento de la actividad
sísmica ha planteado nuevas disyuntivas a los asentamientos en
su entorno. (Atlixco. A Rural Region with an agricultural Tradición.
The Popocátepetl Volcano dominates the landscape-4) Los nahuas fueron los principales grupos indígenas
que se asentaron en su territorio y sobrevivieron a los cinco siglos de
colonización. Actualmente siguen ocupando parte del territorio,
aunque en la mayor parte del mismo los procesos de mestizaje se impusieron
y modificaron la composición étnica original de la población. A lo largo del siglo XVI la región se constituyó
como el granero de la Nueva España. Al final del siglo XIX, en
el Porfiriato, la agricultura se expandió a partir del desarrollo
de haciendas cerealeras (trigueras), cercadas por ranchos y aldeas con
acceso a la tierra En el periodo de la Revolución Mexicana, la
zona se vio involucrada en la lucha agrarista, en parte debido a su proximidad
a Morelos, la cuna del zapatismo. Poco después de la Revolución
se realizó la división de las haciendas y un amplio y temprano
reparto de tierras (1925 - 1930). A partir de ello se desarrolló
una de las principales regiones de agricultura familiar del centro del
país, cuyo eje central era la ciudad de Atlixco, uno de los más
importantes mercados de productos agropecuarios del estado y centro del
país. En los inicios de los ochenta, el carácter mercantil
de la producción agropecuaria en el valle de Atlixco estaba consolidado.
Se había desarrollado una fuerte agricultura de tipo familiar,
productora de flores, hortalizas, frutales, sostenida en formas sumamente
flexibles de usufructo de la tierra. Se expandieron los cultivos forrajeros
como el sorgo y se mantuvieron otras especies comerciales como el cacahuate.
El maíz y el fríjol sufrieron el embate de las dificultades
que aquejaban a los productores de estos cultivos, aunque estaban plenamente
asentados en la estructura productiva regional. Al final de la década, la actividad agropecuaria
empezaba a dar signos de agotamiento. La frontera agrícola no crecía
al ritmo de la demanda de la tierra generada por el incremento poblacional.
Los programas de inversión en obras de pequeña irrigación,
de asistencia técnica y de financiamiento disminuyeron sensiblemente.
La sobreexplotación de los recursos, el fraccionamiento de los
predios y el intercambio desigual a que son sometidos los productores
agropecuarios en el mercado contribuyeron a la gestación de una
crisis, que alcanzó la mayor parte de los sectores de la región,
aun con efectos diferenciados. Al iniciar la década de los noventas la región
de Atlixco había consolidado su proceso de integración regional,
nacional y hasta internacional debido al incremento de los flujos migratorios
de su población en dirección a los Estados Unidos. Tenía
en 1995 un total de 178 106 habitantes de los cuáles 79 556 habitaban
la ciudad de Atlixco y la demás en localidades rurales y semi rurales
distribuidas a lo largo del territorio. (véase Cuadro anexo)
El desencadenamiento del "síndrome de la migración"
en dirección a Estados Unidos puede ser ubicado en los años
de 1986 y 1987(3). De la complejidad de factores que generaron esta situación,
podrían destacarse: a) la crisis diferenciada de la agricultura
regional -expresada en la declinación de la producción de
básicos en las zonas temporaleras y la expansión de ciertos
nichos de agricultura comercial (flores y hortalizas). Estos a su vez
se beneficiaron con la inversión de recursos procedente de la migración;
b) el incremento de la presión demográfica sobre el suelo,
las limitaciones para la expansión de la frontera agrícola
y para el acceso a la tierra de las nuevas generaciones. De las 16 mil
795 unidades de producción que fueron reportadas en el Censo Agropecuario
de 1991, 60% disponía de 2 o menos hectáreas y sólo
82 predios eran mayores de 20; c) el desprestigio de la actividad agrícola,
la falta de oportunidades de trabajo, los bajos ingresos y la atracción
que ejerce la posibilidad de vivir en los Estados Unidos; d) las reformas
al artículo constitucional 27 (transformación en el marco
jurídico del sistema ejidal), las cuales que favorecieron el desarrollo
de un mercado local de tierras y transformaciones en los patrones de uso
y tenencia de la tierra;. e) la acelerada integración de las comunidades
rurales a su entorno regional propiciada por el desarrollo de las comunicaciones
(teléfonos, carreteras, transportes colectivos); f) las secuelas
de la devaluación de 1994 que restringieron la actividad agrícola,
y propiciaron que familias anteriormente fuera de los circuitos migratorios
se integrasen a éstos (Marroni:1999). Los primeros emigrantes eran hombres casados que combinaban
el trabajo agrícola (como productor o jornalero) con otra actividad
eventual informal y cuyos ingresos eran insuficientes para la reproducción
familiar. El desconocimiento de los aspectos elementales del proceso migratorio
y también de la vida en los Estados Unidos acompañó
a estos primeros desplazamientos, aunque algunos de estos migrantes se
hacían acompañar de otros con más experiencia migratoria,
sobre todo los que procedían de la mixteca poblana, una región
cercana y donde la migración había empezado anteriormente. Con el tiempo y después de la primera experiencia migratoria, los pioneros adquirieron conocimientos suficientes para conducir a otros, y de acuerdo su misma expresión empezaron a coyotear. Uno de estos pioneros relata así el proceso: Yo pasé unos de Atlixco, unos de San Pedro, pasé
varias personas. Desde entonces ahora es una cadena.. Los que yo ayudé,
ahora hacen con otras personas. Entre más personas van, se tiene
más familiares allá y se los llevan. Es una cadena que ya
no se puede terminar. . . La población de la zona sigue vinculada en gran medida
a las actividades agropecuarias, pero el significado de éstas en
la reproducción social y familiar se va transformando.. Tres modelos
son identificables en el binomio agricultura-migración: a) las
comunidades con agricultura de subsistencia, que combinan la producción
de básicos con la obtención de ingresos procedentes de la
migración en distintos grados; b) las comunidades con agricultura
comercial, productoras de hortalizas y flores, que capitalizan sus actividades
productivas con las remesas de dólares y pueden expandirse a partir
de las ganancias obtenidas; c) las comunidades en donde el perfil ocupacional
de la población es diversificado, la agricultura es marginal, y
la migración es un recurso dentro de un conjunto de varias otras
alternativas. El perfil de los migrantes, ha tenido algunas modificaciones
pero no significativas: sigue predominando la selectividad positiva masculina
en los flujos migratorios. No obstante, las mujeres han aumentado su participación
en ellos. Sus motivaciones también se han diversificado: muchas
rechazan el carácter de migrantes pasivas (cuyo motivo central
es la reunificación familiar) para desplazarse con objetivos propios.
La edad de la primera experiencia migratoria disminuyó, y ya se
empieza ver muchos casos en que los varones llegan a abandonar la escuela
secundaria, para desplazarse al norte (13-14 años). El paso de
la frontera, anteriormente realizado por Tijuana, empieza a ser sustituido
por otras rutas más seguras (Sonora). Ya instalados los migrantes
se incorporan al sector servicios (comercio y restaurantes) o en la industria
de la construcción. La mayoría no reporta problemas para
conseguir empleo inmediatamente (en comercios, restaurantes y en menor
medida en factorías), pero se observan casos en que esto comienza
a ocurrir. Las remesas son invertidas principalmente en el consumo
cotidiano del grupo familiar, incluyendo financiamiento para el ciclo
agrícola También hay inversiones para la expansión
de la agricultura comercial. El destino más usual de migra dólares
es la inversión en vivienda, que ha generado un creciente mercado
para la industria de construcción local. La derrama económica propiciada por la migración
es importante, aunque sería una exageración hablar de dolarización
en la economía y sociedad locales. No obstante muchas transacciones
tienen como referente el precio en dólares, sobre todo compra de
tierras, animales y servicios de construcción. La inversión
en obras y servicios comunitarios es otro rubro en donde se pude apreciar
el destino de las remesas. Finalmente se observa una refuncionalización
de las tradiciones, con un considerable aumento de gastos en festividades
locales, un fenómeno que en la literatura ha llevado a la discusión
sobre el uso de los recursos de la migración en gastos suntuarios.(The
impact of migration in Atlixco.11-12-13) Actualmente la región está transformándose
de una zona de migración reciente en un espacio en donde se consolida
una cultura migratoria. El movimiento de bienes, personas y servicios
fluye regularmente entre las localidades de origen y de destino(4)
. Atlixco también en este caso se rige como centro rector: numerosas
casas de cambio, y agencias de viaje (que inclusive transportan mercancías)
se crearon recientemente, y en casi todas localidades rurales también
se hacen presentes este tipo de servicios.(The impact of migration
in Atlixco-14-15). Estaciones de radio locales enlazan la región
con Estados Unidos y algunos periódicos locales anuncian su circulación
en Los Ángeles y Nueva York. Los sacerdotes y ministros de otros
cultos religiosos disputan los feligreses y sus recursos en ambos lados
de la frontera; la discusión sobre la posibilidad de voto de los
mexicanos ha despertado la atención de las fuerzas políticas
regionales. Resultan fundamentales las transformaciones en la vida familiar y comunitaria., que por razones de tiempo no se alcanza describir aquí. Los mensajeros, profesionales de la migración originarios de las poblaciones, que tienen su situación legalizada, realizan viajes regulares entre Estado Unidos y la región. Son ellos unos de los principales agentes que reproducen todo tipo de vínculos entre ambos espacios: De aquí se llevan aguacate, carne, cecina, chicharrón, longaniza, huesillos, pepitas, verduras, hiervas, frijoles. De las cosas que mandan las familias de acá, les cobran. Dicen que mandan hasta alaches, carne de puerco, de res. Para esto lo envuelven en papel aluminio para que no lo detecten. Cuando no había aguacate, les mandaban. Se llevan y de regreso traen hasta niños, dinero, televisores, consolas (modulares), video caseteras, ropa, calzado y aparatos eléctricos en general.
Llama la atención la rapidez con se crearon y consolidaron las redes migratorias. En menos de dos décadas (a partir de 1985) la región de Atlixco se transforma de una región agrícola campesina con potencial productivo importante, en una región en que la alternativa de desarrollo agrícola pierde atractivo para una parte importante de su población, en función de la opción migratoria. NOTA DE PIE
BIBLIOGRAFÍA
Fuente: Puebla, Tomo I. Conteo de Población y Vivienda 1995. Resultados definitivos. INEGI, Ags. 1995; XII Censo General de Población y Vivienda 2000 Resultados preliminares. INEGI, Ags. 2000; para datos sociodemográficos. |
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